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NEGOCIACIÓN ETA

El Gobierno y la banda terrorista tensan la cuerda del diálogo

Fotografía

Por Alejandro RequeijoTiempo de lectura3 min
España28-05-2005

Alguien que haya estado fuera de España durante los últimos meses y haya vuelto la semana pasada, tendría razones suficientes para creer que nada ha cambiado en lo que a la política del Gobierno contra ETA se refiere.

Una operación conjunta entre la Policía española y francesa concluía con la detención de tres presuntos miembros del aparato internacional de la banda. Un días después, los terroristas hacían estallar un coche bomba en Madrid y el líder de la ilegalizada Batasuna, Arnaldo Otegi, era condenado a prisión incondicional por colaboración con banda armada. Sin embargo, la realidad que envuelve estos hechos apunta a que no es más que una nueva fase dentro de la nueva política antiterrorista iniciada por el Ejecutivo y secundada por el Congreso en el pasado Debate sobre el Estado de la Nación. Ya lo ha advertido Batasuna. “Ha pasado la época de las declaraciones”. Un mensaje claro de la izquierda aberztale que ya, un día antes del coche bomba en Madrid, manifestó sus dudas acerca de si el Gobierno comprendía el significado de la palabra tregua . Es por tanto un paso más dentro del largo camino -partida de ajedrez según el diario Gara- en el que las partes implicadas quieren fijar sus posiciones de cara al futuro. El proceso de paz con el que el presidente Zapatero pretende lograr el fin de ETA es como una cuerda que se tensa y se destensa en función de la fuerza con la que se tire. En un extremo esta el Ejecutivo y en el otro los terroristas. Cada uno tira en función de sus intereses y esta semana esa cuerda se ha tensado. A raíz de la última acción de la banda, el Gobierno ha endurecido su discurso hacía el entorno abertzale y ha mostrado mayor contundencia al negar cualquier tipo de negociación con los terroristas. El portavoz socialista en el Congreso, Alfredo Pérez Rubalcaba, aseguró que para hablar de paz “es necesario que ETA deje la violencia“. En la misma línea, la vicepresidenta, María Fernández de la Vega, aseguró que no habrá proceso de paz ni dialogo con ETA sin anuncio previo de disolución, y añadió que “los mensajes que esta trasmitiendo este Gobierno son para los ciudadanos pero también para los terroristas”. Esa era la respuesta a las declaraciones de Otegi en las que se encargó de alimentar las dudas en torno a los contactos con la banda. Antes de su entrada en la cárcel madrileña de Soto del Real, el portavoz de la ilegalizada Batasuna aseguró ante el juez que Zapatero le da rango de “interlocutor” político. Ya a su salida, 41 horas después, insistía en que su encarcelamiento no iba a condicionar el proceso de paz. Pero lo que ETA y sobre todo el Gobierno deben tener en cuenta también, es el tercer pilar de este entramado: la opinión de las víctimas que también se ha posicionado, en este caso en contra de cualquier tipo de concesión a los terroristas. Aquí se plantea un doble problema para Zapatero. Por un lado, el deber moral de complacer a los familiares de los asesinados por ETA y por otro, la incomodidad de que el PP, único partido que se opone a la nueva iniciativa socialista, comparte discurso y exigencias con las víctimas.

Fotografía de Alejandro Requeijo

Alejandro Requeijo

Licenciado en Periodismo

Escribo en LaSemana.es desde 2003

Redactor de El Español

Especialista en Seguridad y Terrorismo

He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio