Esta web contiene cookies. Al navegar acepta su uso conforme a la legislación vigente Más Información
Sorry, your browser does not support inline SVG

LA RÉPLICA

Una ‘Champions’ muy imperfecta

Fotografía

Por Roberto J. MadrigalTiempo de lectura2 min
Deportes13-03-2005

La Champions League del ciclismo, el UCI ProTour, moderniza la tradición de la Copa del Mundo y las grandes vueltas de tres semanas, surgidas hace un siglo. Pero el nuevo sistema es aún imperfecto. Por lo pronto, la necesidad de cuadrar el calendario ha llevado a modificar las fechas de los Mundiales y de la Vuelta a España y alargan la temporada hasta finales de octubre. También se han quedado fuera del circuito pruebas que están entre las más prestigiosas, a costa de incluir otras –como la Vuelta a Polonia– cuyo único mérito, a priori, es que sus fechas encajan. Además, hay carreras que coinciden, pero no en las mismas fechas –unas son de tres días, otras de cinco, otras de un solo día–, lo que dificulta el seguimiento de los aficionados. Pero más difícil será, sin duda, armonizar la relación entre organizadores, equipos y corredores –estos últimos, representados por el español Manolo Sáiz y el ex corredor italiano Francesco Moser respectivamente–. El problema de fondo, muy delicado, es el reparto de los ingresos que generan las carreras, un chollo porque el ProTour debe suponer un aumento en las cifras de negocio. Pero hasta ahora, los ciclistas apenas han catado la tarta y no están dispuestos a seguir siendo el patito feo. A fin de cuentas, no hay espectáculo sin los mejores corredores del mundo –como se pretende al garantizar la participación de los equipos más poderosos– y también se les debe mimar. Las exigencias para adaptarse al nuevo circuito han llevado a incrementar los costes y el cumplimiento escrupuloso de los códigos éticos es un aspecto muy delicado para los patrocinadores. Ahora bien, muchos corredores de renombre, enrolados en equipos que no han entrado en el ProTour, no pueden competir sino en pocas carreras –tan sólo por invitación–, porque los contratos de los corredores se habrán de ajustar a la duración que cada equipo tenga garantizada en el circuito. La solución ideal habría sido que esos corredores de prestigio reforzaran a los equipos, pero el aumento de fichas –hasta 25 corredores profesionales por equipo– es insuficiente y, sobre todo, habría unos costes desmesurados para dar la baja a quienes aún tenían contratos en vigor. Por ahí viene otra de las grandes críticas al sistema: la gran diferencia con las demás categorías profesionales. Los equipos segundones, que deben competir en los circuitos continentales, se mantienen en unas condiciones similares a las actuales pero ven cómo las dificultades para conseguir ingresos –por poder lucir a los patrocinadores en las retransmisiones televisivas– son mucho mayores. Si no hay base, no habrá manera de que lleguen nuevos corredores y equipos: el presidente de la Unión Ciclista Internacional, Hein Verbruggen, tendrá que hilar fino para no perjudicar el futuro del ciclismo.

Fotografía de Roberto J. Madrigal