TERCERA EDAD
La II Asamblea Mundial sobre el envejecimiento, preocupada por el Tercer Mundo

El ministro de la Presidencia, Juan José Lucas, que clausuró la Asamblea Mundial de Envejecimiento
Por Fernando Cancio Martínez
2 min
Sociedad12-04-2002
La II Asamblea Mundial del Envejecimiento, que concluyó el pasado viernes 12, no aceptará nuevas vías de financiación en los países más necesitados para solucionar los problemas que conlleva el envejecimiento de la población.Como conclusión se afirmó que el punto más importante del plan de acción es que tratará con más detalle el envejecimiento en el Tercer Mundo aunque aún no está claro cómo afrontar el dilema.
La psicosis no se detiene. Los ciudadanos de Israel no saben cuándo o dónde les puede tocar, pero tienen que vivir con ello sin, por el momento, parecer que la situación pueda tener un remedio rápido. El presidente del Gobierno, José María Aznar, que fue nombrado presidente de la asamblea, afirmó que todos los países con alta población mayor tendrán que fomentar el "envejecimiento activo", con lo que se refiere a políticas de prevención de salud o de aprendizaje permanente. Aznar considera que este envejecimiento de la población provocará grandes cambios en los sistemas de salud, pensiones o aspectos de inmigración. También abordó el tema de la necesidad de ayudas por parte de los gobiernos a todas las familias que están al cuidado de personas mayores. Por su parte, el secretario general de la ONU, Kofi Annan, pidió un "nuevo plan de acción sobre el envejecimiento" durante una visita al Foro Mundial de ONG. Según Annan, cuando las personas se trasladan a las ciudades, los ancianos tienen más posibilidades de caer en la marginación y soledad a causa de la pérdida de redes sociales y, lo que es más importante, el apoyo familiar. Annan reconoció la importante labor que hacen estas instituciones y recordó que los gobiernos necesitan la "ayuda e ideas" de las ONG para alcanzar un futuro en el que haya personas de todas las edades y no, como se prevé, lleno de ancianos. El máximo representante de la ONU destacó que la sabiduría no entiende de edades ya que los ancianos poseen experiencia y pueden aconsejar a los más jóvenes: "En África se respeta a los ancianos. En mi familia siempre había mayores que daban consejos". Entre las conclusiones a la Asamblea destacan la petición de jubilaciones flexibles y progresivas en países desarrollados y el deseo por parte de los países necesitados de destinar el 10 por ciento de su deuda externa a programas sociales. Los países más desarrollados no aceptan la creación de una institución similar a Unicef para los ancianos ni la implantación de nuevos mecanismos de financiación.