Deportes  La Semana que vivimos - Del 9 al 15 de abril de 2001 - Número 203  

El Domo se exhibe
en el 'infierno del norte'

Roberto J. Madrigal.- La 99ª edición de la París-Roubaix la coparon los belgas del conjunto Domo-Farm Frites: Johan Museeuw controló la carrera y permitió que un gregario, Knaven, se llevase la victoria final. El vigente campeón del Mundo, el letón Romans Vansteins, completó el podio y se hizo con el liderato de la general de la vigente Copa del Mundo.

La París-Roubaix es un mito del ciclismo: sus tramos de pavés (adoquín), en esta ocasión unos 50 kilómetros en total (una quinta parte del recorrido) requieren de la técnica de los ciclistas para evitar las caídas, y por su estrechez rompen el ritmo de carrera, porque los corredores sólo pueden ir de uno en uno, en fila. Si como este año, el firme era muy resbaladizo debido a la lluvia y el barro, se comprende la dureza de los casi 250 kilómetros de recorrido de la actual edición: los pinchazos y las caídas son casi constantes, pero el prestigio de esta clásica, aunque disuadió a grandes corredores como Erik Zabel o Lance Armstrong, hace que ciclistas como Johan Museeuw, Leon van Bon, Nico Mattan o Andrea Tafi se enfrenten a una carrera casi sobrehumana.
El corredor de US Postal George Hincapie fue el gran animador de la carrera. Dinamitó la carrera a falta de cien kilómetros para el final, pero un resbalón en uno de los tramos de pavés dejó el liderato en solitario a uno de los gregarios de Domo, Wilfred Peeters. Hincapie tuvo problemas para recuperar el ritmo, pero poco pudo hacer para vencer contra cuatro corredores del conjunto Domo. Hincapie se unió a un grupo de ocho corredores (Nico Mattan y Chris Peers de Cofidis, Leon van Bon -de Mercury-, el Telekom Steffen Wessemann, el belga de Lampre Ludo Dierckxsens y la Armada del Domo, un equipo que mima las clásicas: Johan Museeuw -vencedor en el 2000-, Servais Knaven y Romans Vansteins) que consiguieron alcanzar a Peeters a falta de 16 kilómetros de la meta.
Pero la enorme clase y el compañerismo de Museeuw, que dejó vencer a uno de sus gregarios y no se obcecó en conseguir él la victoria, permitió que el holandés Knaven se escapase en solitario en los últimos kilómetros. El marcaje entre Hincapie y el belga Ludo Dierckxsens (de Lampre) hizo el resto: un ataque de Museeuw a falta de dos kilómetros le aseguró la segunda plaza, y en el mini-sprint de Dierckxsens, Peeters, Hincapie y Vansteins, el letón se llevó la palma. Como premio, el liderato en la general de la Copa del Mundo, con 116 puntos. Segundo es Gianluca Bortolami (de Vini Caldirola), con 111, y tercero el propio Knaven, con 101.
La Copa del Mundo no tiene un dominador claro, porque es difícil que un corredor se esfuerce en mantener la forma durante toda la temporada. Pero no es una excusa para la decepción de que fueron protagonistas el resto de favoritos: el sempiterno Andrei Tchmil, el equipo Mapei. ninguno apareció en la fase decisiva de la carrera. Tampoco los corredores de Kelme o de Euskaltel (Igor Flores atacó en los primeros kilómetros), pero fueron los únicos que quisieron competir en una de las clásicas más prestigiosas de todo el calendario internacional.
[15-4-2001]


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