Opinión  La Semana que vivimos - Del 26 de marzo al 1 de abril de 2001 - Número 201  

SIN CONCESIONES

Tiempo al tiempo

Pablo A. Iglesias.- La vida es un camino de largo recorrido. No conviene correr ni demasiado deprisa ni demasiado despacio. Cada cosa a su justo tiempo. Cada momento en su debido instante. Ni antes ni después. Ni después ni más tarde. Muchos son quienes se empeñan en correr toda la vida en apenas diez minutos. Algunos llegan fatigados a la primera esquina de cumpleaños. Otros corren tan rápido que, una vez que terminan, ya no saben por donde correr. Y entonces, pierden el sendero de la vida. Y entonces, se pierden a ellos mismos. Y también, a los demás. Existen cientos de hombres y mujeres con una historia como esta. Varios de ellos son por todos conocidos. Pero la vida tampoco concede ventaja a los que son más conocidos.

Vencer no es tan importante. Lo verdaderamente destacable es la forma en la que se gana, incluso cómo se recorre la vida. Ganar con trampas no es ganar. Pero perder con honradez y autocontrol, en muchos casos, sí es ganar. Ganar no es eliminar al adversario a toda costa. No es echarlo del país y destruir sus posesiones. Ganar tampoco es atrincherarse y esperar un golpe de fortuna. Ganar es vivir uno mismo y dejar a los demás que vivan y, por supuesto, que también ganen. Resulta imposible ganar siempre en esta vida. Hay que aprender de las victorias y de las derrotas. Casi siempre, las derrotas esconden decenas de lecciones más que la mejor de las victorias. Perder también enseña a ganar.

Lo más importante en esta vida es vivir. Vivir y dejar vivir. Ayudar a que los demás también vivan, también aprendan y también ganen. Que aprendan a ser felices y respetar su felicidad. Vivir es de por sí una felicidad. Pero la verdadera felicidad no llega en sólo diez minutos. Quien corre toda la vida en tan poco tiempo, rara vez encuentra de cara la verdadera felicidad. Hay personas que viven toda una vida sin ser felices. Y hay personas que viven la vida y sólo llegan a ser felices al final, o viceversa. Vivir no tiene precio, pero no dejar que los demás vivan sí lo tiene. Que se lo pregunten a Augusto Pinochet o a Slobodan Milosevic. La vida siempre es un camino de largo recorrido. Quien la corre demasiado deprisa, demasiado despacio o hace trampas en el camino, antes o después, lo acaba pagando.


Mándanos tu Opinión
Últimas Noticias | Periódico | Ocio | Periodismo
Servicios | Archivo | Nosotros | Web Corporativa< /a>

© AGD 2001
La Semana que vivimos