Deportes  La Semana que vivimos - Del 29 de enero al 4 de febrero de 2001 - Número 193  

Francia, campeona; España, quinta

Roberto J. Madrigal.- Yugoslavia se vengó de la derrota en Sídney (24-26) e impidió, en cuartos de final, que España consolidase el buen papel que venía desempeñando en el Mundial. El quinto puesto final fue el mejor resultado de los posibles después de tal varapalo, cuando España consolidaba sus aspiraciones de conseguir una medalla.

Quedan dos lecturas, después de los dos últimos partidos, que invitan a un moderado optimismo: la primera, el relativo consuelo de que España ha acabado en la clasificación quinta, por delante del vigente campeón olímpico, Rusia, después de una prórroga (40-38), y de que sólo ha perdido un puesto con respecto al Mundial de Egipto, en el que España fue cuarta clasificada. La segunda conclusión, más importante, es que el equipo no se vino abajo después del varapalo sufrido a manos de los yugoslavos y que la renovación de jugadores que ha iniciado Argilés promete asegurar el nivel competitivo de la selección española.
España lo bordó contra Noruega (28-23), pero cayó derrotada contra Yugoslavia por 24-26 Se le atragantó la defensa yugoslava, fortísima, y además, a España le faltaron ideas, continuidad en el juego, orden y acierto. Además, Jovanovic cuajó un partido excelente y desequilibró la balanza a favor de los balcánicos. Ni siquiera David Barrufet, elegido mejor portero del Mundial, pudo evitar la decepción. Como mal menor, España se impuso luego a la debutante Ucrania, sin duda la revelación del Mundial (24-23).
Como viene siendo tradición, Francia se crece cuando acoge una competición. En una final trepidante contra los incombustibles suecos (Wislander, el mejor jugador del siglo, sigue en la brecha con 36 años), las defensas -al límite del reglamento, ayudadas por unos árbitros en general demasiado permisivos- se impusieron a los ataques. Francia se estrelló al principio contra sus propios nervios, pero se sobrepuso al cansancio en los últimos minutos, ayudados por la falta de ideas de los vigentes campeones del mundo. El duelo se decidió en la portería: el francés Bruno Martini paró menos que el sueco, pero lo hizo en los momentos decisivos de la prórroga. Además, el lateral francés Patrick Cazal, lesionado en un tobillo durante el partido, volvió a tiempo de marcar los tres goles que dieron la ventaja definitiva a Francia (25-28), que despidió de la mejor manera al seleccionador que la hizo grande, Daniel Constantini: revalidando el título conseguido en 1995.
[4-2-2001]


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