Opinión | La Semana que vivimos - Del 2 al 8 de octubre de 2000 - Número 176 |
LA IMAGEN DE LA SEMANA
La economía de las tormentas sabe que los mástiles están para romperlos. Y los mástiles rotos para arreglarlos. Antes de romperlos de nuevo la confianza está para construir más barcos, más mástiles, ¡más madera!... para romperlos de nuevo, o quemarlos en la locomotora de los hermanos Marx. Loco-motor-a. A Motor Loco. Consumir, construir en la calma para perder en la tempestad. Perder en la tempestad para construir, consumir en la calma. Los que construyen ganan dinero, los que destruyen también; sólo pierden los destruidos que, destruidos, no suelen protestar. La economía de la tormenta gestiona lugar y tiempo de tormentas y lugar y tiempos de paz. Espera a la tormenta, la excita o la frena según el stock, la enciende, la alarga, la aleja, la acorta, la acerca, la acaba. Y vuelve a esperar: paciencia. Bien lo sabe la economía de la tormenta, porque pasa igual que con los picos de la bolsa. En la calma llegó la tempestad y, tras la tempestad, llegó la calma. La economía de la tormenta gestionó la guerra yugoslava, la paz kosovar. Y esperaba en Yugoslavia. La tormenta amainó... la calma llegó. Las sanciones cayeron y la economía de la tormenta gestiona la paz. La economía que antes gestionó la guerra. ¿Quién gestiona a la economía de la tormenta? ¿Cómo se atreve a ver la guerra como un "BIEN" escaso?
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© AGD 2000
La Semana que vivimos