Opinión | La Semana que vivimos - Del 6 al 12 de diciembre de 1999 - Número 136 |
LA IMAGEN DE LA SEMANA
En esa República Popular el pueblo es lo de menos. No pueden pensar. No pueden tener más hijos de los que dicte el gobierno. Y sólo les dejan tener dos pasiones: odio a los americanos y amor al Partido Comunista. La religión es el partido. Si eres católico, budista, o crees en ideas diferentes a las del PC, eres un peligro para la seguridad nacional, y podrás ser detenido, torturado o asesinado a no ser que cambies de creencias. Como si te pudieran hacer con moldes. Y quien así lo ordena, sonríe. En el Tíbet, pueblo independiente desde que nació como nación hace cientos de años, los templos fueron saqueados, los monjes asesinados y los niños son obligados a estudiar chino y propaganda comunista. A los líderes espirituales que no pudieron matar, intentaron comprarles, y venden maestros espirituales falsos educados y preparados en Pekín. Los tibetanos no pueden trabajar en su país, pero a los chinos que van allí el gobierno les concede exenciones fiscales y tierras robadas con sangre. Y quien esto planea, sonríe. Esa sonrisa repugnante se ha unido con otra sonrisa, enfermiza y borracha, para enfrentarse a la gran sonrisa, esa cínica que se pregunta si jugar con puros es o no sexo. "Nos oponemos -dicen las sonrisas unidas en un comunicado- a que los derechos humanos se coloquen por encima de la soberanía de los Estados y a que los derechos humanos se utilicen para realizar injerencias o atentar contra la soberanía". Entre sonrisas, deben de referirse a las guerras de Cechenia y Kosovo. ¡Dice que el hombre es algo inferior al concepto de Estado! Y, según firma ese comunicado, desde lo alto del infierno de su reinado, sonríe. ![]() |